
Introducción. Si sabes como están hechas las cosas, comprarás mejor.
Cuando empecé, hace ya algunas décadas, con el cliente se entablaba una conversación sobre como hacer lo que estaba pidiendo. Conversaciones en la mesa diseñando en tiempo real, negro sobre blanco y con color y materia. Se informaba bien porque viajaba para ello y, evidentemente, sabía más que yo lógicamente dada mi escasa experiencia de campo. Me refiero a que era culto en lo que pedía.
Esas maneras cambiaron en el primer cambio generacional coincidiendo con la integración de internet y la telefonía móvil en la vida cotidiana. Como que la información llegaba de tal manera que no hacía falta desplazarse para conocer, creó un hábito que desembocó en un cliente de catálogo, es decir, que visualizaba experiencias a través de una pantalla de luz.
Uno de los problemas que apuntamos en el taller hablando sobre diseño es el problema que tenemos cuando enfrentamos a un diseñador que toda o casi toda su experiencia visual y táctil la conoce por pantalla, por lo que no sabe sobre el comportamiento de la materia, densidad, peso, aspereza, ergonomía, etc para dotar de cierta lógica natural a los objetos. Si en el mercado de las ideas prevalece la aportación más amable con uno mismo, resulta que la aportación que hacen algunos profesionales es bastante escasa.
Pues lo mismo que pasa con el diseñador pasa con el cliente en el momento de tomar una decisión sobre si adquirir o no un objeto. Si la condición primordial en la adquisición de una obra es que el cliente se sienta identificado con la misma, el aporte que hay que hacer en términos de procesos creativos y productivos, ha de estar al nivel que merece la persona.
Parte de mi aportación es plantear perspectivas que nacen de la experiencia de campo como artista artesano en la que prevalece la cautela en el trato con la materia natural. Desde ese ritmo en el que pasan las cosas, el punto de vista a de ser distante porque ritmo del proceso de la materia natural no puede ser obviado y merece toda la atención. Y desde esa distancia de seguridad con el resto de situaciones se aprecian acciones y actitudes que afectan al ritmo de esos procesos.
Por ejemplo, antes el cliente conocía al artista, ahora tan solo conoce su obra. Sería interesante conocer y participar en el proceso creativo que lleva a producir ese objeto que va a adquirir. Falta organización que favorezca esa situación.
Por ejemplo, Hoy el cliente ha cedido al mercado su posición como promotor de la idea cuando desde esa posición se establece una comunicación jerárquica que deja muy tranquilo al sistema de producción porque el marinero ve actuar al patrón. Si los realizadores no ven al promotor no ofrecerán su mejor hacer. Ahora parece ser que el cliente ha quedado relegado a pagador mientras que nosotros, los realizadores, hemos de discutir con una abstracción llamada mercado. Hace falta que vuelva el cliente culto en lo que pide.
Por ejemplo, conocer utilizando solo uno o dos sentidos evita mucha información para que la experiencia sea completa. Saber es experimentar lo conocido, interpretar dicha experiencia basándose en la información recogida por todos nuestros sentidos con el arte de buscar el punto medio de todo. Si viajas para conocer, el propio viaje es una experiencia que nutre tus sentidos mientras que por pantalla, bueno, nosotros, y solo nosotros somos responsables de dejar de jugar y experimentar la vida. La experiencia nutre la objetividad.
Lo ideal es que nos acompañaran a la naturaleza y vivir todo el proceso creativo y productivo, pero entiendo que esa situación requiere de un tiempo del que no se dispone. Así que le sugiero unos temas que considero importante tener en consideración abriendo la posibilidad de comentar sobre aportaciones y mejoras de la idea.
TIPOS DE OBRAS. El arte de lo verde.
Un artista es el que hace cosas, por lo que depende de herramientas dependiendo del método que quiera aplicar en su cadena de producción tanto si es una obra única o seriada. Entonces, podemos dividir el tipo de obra según el arte utilizado según la cantidad de unidades a producir.
Obra singular.- Una sóla pieza, un objeto, un elemento diseñado y realizado para una ocasión o situación concreta, para emocionar a un observador o a varios. En este tipo de obra es cuando se considera la tecnología como mera herramienta que por muy sofisticada que sea no deja de ser una extensión física del artista.
Son obras que suelen ser únicas, que no se han hecho antes o que son ensayos de algo existente como un método o una materia concreta. Como que pueden ser tan novedosas, siempre hay algo de incertidumbre por si en un futuro segirá funcionando la idea para la que se creó la obra.
Este tipo de obra reúne todas las características para que una idea sea escalable en número.
Colecciones.- Es el cruce entre la obra singular o la obra industrial. La tecnología empieza a tener una importancia que no tenía en el proceso de una obra singular porque se trata de hacer repeticiones de un mismo diseño. El diseño puede reflejar, por ejemplo, el uso de una misma materia o compuesto para realizar diferentes formas o una forma realizada con diferentes materias o compuestos.
Sea como sea, las piezas han de ser numeradas y la colección se ha de publicar explicando de qué se trata la colección y qué número de piezas la componen antes de la venta de cualquiera de las piezas. Por ello tienen un carácter efímero como colección si las piezas se adquieren por diferentes personas porque pasan de formar parte de un grupo a diseminarse.
Este tipo de obra es interesante para implementar soluciones en organizaciones plurales como, por ejemplo, hostelería.
Obra industrial.- De las tres, este sistema es el que menos acepta la materia prima primaria, la que se extrae directamente de la naturaleza incluyendo los residuos naturales porque la naturaleza nunca te dá sus frutos iguales de una temporada a otra y depende de la capacidad de diagnóstico de una persona para seleccionar la materia interesante para toda la cadena de producción.
Es por ello que se considera a los hidrocarburos, al plástico, como el material básico para realizar cualquier forma. El término “plástico” no hace referencia a una materia sinó al comportamiento “plástico” de la materia significando la maleabilidad de dicha materia. Es un material fácil de moldear pero es muy costoso su reciclaje y envejece muy mal a cinco o siete años vista comparado con los siglos de algunas materias naturales.
LENGUAJE VISUAL. El verde es el color del que el ser humano aprecia más matices.
Nuestro trabajo se trata de acercar el lenguaje visual de la naturaleza a nuestros lugares más íntimos, ahí donde realizamos alguna actividad introspectiva. Aunque es un servicio inicialmente destinado a la persona, este ejercicio se puede escalar sin problema en la medida que participan más personas.
En el taller demostramos cómo afecta al color y la textura a la formulación de los compuestos. Consideramos un compuesto a interacción de dos o más materias fundamentales. Por ejemplo, la madera barnizada es un compuesto como lo es una mezcla de cal y arena aunque elaborada con métodos diferentes.
A más simple es el compuesto, más natural es el aspecto visual de nuestra obra.
SOSTENIBILIDAD. Calidad duradera.
Una obra es sostenible cuando sus características de toda índole, técnicas, estéticas, etc. son regulares en el tiempo. En el campo de la restauración de patrimonio, por lo menos del modernista del que yo vengo, hay una ley no escrita que dice que el abuelo y el nieto están observando una obra que promovió el abuelo, que está como el primer día, la obra, no el abuelo. Eso son tres generaciones, entre 60 y 90 años.
Obras realizadas durante los tiempos adecuados a cada intervención, con los materiales adecuados al caso y con manos adecuadas para ese trabajo y cuyo mantenimiento formaba parte de la vida cotidiana de los usuarios. Todo compatible y harmonizado.
Las respuestas a como y con qué hay que hacer las cosas para que trasciendan el tiempo, se escribieron en la antigüedad.
La energía que une la materia en la naturaleza es lo que necesitamos entender para mantenerla durante el máximo tiempo posible. Recibe muchas agresiones durante su existencia y no lleva muy bien el abandono. La obsolescencia programada se consigue mediante la adición de una energía o comportamiento artificial.
… Y ESTO, ¿QUIÉN LO HACE?.
Pues nadie, bueno, no es que no haya artesanos o fabricantes, sino que son tan pocos y tan dispersos que a duras penas justifican un mercado.
De los pocos que hay, la mitad o más no conocen las disciplinas de trabajo empleadas en restauración con lo cual, ese colectivo no puede ofrecer el mantenimiento de productos sostenibles para equilibrar la balanza de la oferta y la demanda que está muy, muy, muy inclinada hacia la demanda.
En el campo de los oficios de la arquitectura es especialmente sangrante dada la importancia de la arquitectura como uno de los pilares de la civilización, por eso considero prioritario dedicar esfuerzos para devolver los artesanos a sus sociedades.
En estos días en los que se está implantando la sostenibilidad y el acercamiento a la naturaleza, falla el conocimiento sobre el método de hacer cosas, falla la cultura de hacer las cosas.
SOLUCIÓN. Aprender haciendo.
Por parte del cliente, todo empieza con la promoción de la idea para ser realizada, por lo que el cliente es el que tiene la posibilidad de iniciar una tendencia aparte del mercado dominado por los hidrocarburos y sus maneras.
Por parte del segundo sector de la producción, los realizadores, hemos de aceptar el uso de la tecnología como ayuda a los procesos tradicionales porque, en nuestro trabajo se enfatiza a la persona asistida por herramientas, no al revés. Se trata de crear empresas de 1+3, es decir, el jefe y tres minions (: .